Habitar#9: Sobrellevar el invierno

Días sin escribir en el blog. No sin escribir, porque la escritura está conmigo siempre. Las palabras llegan sin que las llame y se apoderan de mí, a veces por tramos largos. Artículos técnicos, documentos, proyectos, clases. La prosa de la vida, en el decir de Morin. pero la Poesía está siempre, en los rincones, en los márgenes, en las esquinas a veces poco soleadas de cualquier estación. La poesía me ayuda a vivir, a comprender tantos vericuetos, pasillos y callejones sombríos. Me ayuda a buscar los claros en bosques enmarañados. Se acerca el invierno, mañana entrará en el hemisferio sur. Mi invierno este año empezó antes, fríos desconocidos o inesperados, helaron mi alma. Tanto. Pero la poesía resiste, las letras, mi casa barco , mi balcón con paraíso. No cualquiera guarda un Paraíso en su balcón y desde el llega hasta el Cielo. Añoro el sol, añoro el tiempo en que corría por la vida como por un patio soleado. y sin embargo, la vida es tan bella. Vinimos a aprender, de todo trato de extraer ese aprendizaje. Eso siempre, a salvo de cualquier estación, la Belleza, la Poesía, la Vida. Ser y ver más allá de la circunstancia. Y lo sé, (porque he vivido muchos inviernos de los con v y también los con f) que no todo es infierno, y como enseña sabiamente Italo Calvino nos toca buscar dentro del infierno lo que no es infierno, hacerle espacio y hacer que dure. Algún día será de nuevo Verano. Tomo de este acto de escribir y compartir el calor que necesito hoy, y les dejo mi cálido abrazo!

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Habitar#8: el segundo verano

Segundo año en mi casa/barco, el nombre de bautismo dado por el afecto de mis amigos, que también la llaman buhardilla francesa. La casa vuela, alentada por los vientos del mar y responde a las expectativas del alma y de los admirantes. Surca mares/océanos, y se comporta como casa de poeta con mirador. El verano del año II, en el sur aún pandémico, en su nueva variante con nombre ilustre de letra griega, ha sido, es aún, muy variado. Calores extremos, lluvia casi por dos semanas, calor y luego este febrero de días por momentos otoñales. Enero y febrero luego de una pequeña pausa, fueron meses de actividad intramuros, casi todo virtual, alternando alguna perezosa caminata hasta parques o a la costa, buscando el mar. La casa un elemento vivo, acompañando y amparando todo tiempo, dentro de cada estación. Una mujer, un gato y una casa barco con balcón, un paraíso frondoso con un trozo de cielo abierto a lunas y soles. Gente querida que viene y va, al ritmo del estertores pandémicos y de las estaciones, las de afuera y las propias. A veces hay más movimiento; por temporadas la casa y yo somos solo silencio. Y la vida por dentro.

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Saliendodecasa#1: sobre el efecto encierro

Parece que ya llega el tiempo en que está bien salir. Pero los que salimos ya no somos los mismos. Antes me pasaba a fines del invierno, en los inviernos comunes- no de este infierno pandémico año II- ese sentir: al fin libres, y querer ver ¿qué pasará afuera?. Ese es el primer cambio que noto luego de 1 año y medio saliendo lo mínimo, trabajando,viviendo, alimentándonos, disfrutando, sufriendo intramuros, la inminencia del salir estresa. Siempre salí en este tiempo, pero a cubrir las necesidades básicas del afuera. Abastecerme, trabajar, caminar. Y hasta trabajar fue 90 % intramuros. Tuve esa suerte y esa desgracia. Hoy que la vida empieza a volcarse hacia afuera, noto en mí exacerbadas las ansiedades de la vuelta. Cada salida es una expedición. Los ómnibus más llenos. Más gente en todas partes y el odioso tapabocas siempre. Volver a los controles médicos presenciales, los estudios y chequeos retrasados. Siempre deseando volver a casa, siempre cansada, percibo que ya vivo como natural trabajar, relacionarme, dar clases a 30 seres humanos de distintos países, sin verlos nunca en forma real, solo por pantallas. Supervisar, hacer tutorías, acompañar personas por video llamada o zoom. A veces ni desear salir. Somos animales de costumbres, nos adaptamos. Pero no quiero. Me asusta pensar en un mundo donde creemos que somos suficientes y plenos aislados, solos. Por suerte para mí la naturaleza me llama, me rindo. Salgo a su encuentro. A mi encuentro. Dejo mi abrazo💜🌿🍀

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Sobre «Edgar Morin, Mi camino»

Lo vuelvo a compartir hoy en el día de su cumpleaños número 100!! Una larga y bella existencia vivida poéticamente. Salud Edgar Morin!! 🎉💜🤗🌿

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La vida y obra del padre del pensamiento complejo
 (E. Morin conversa con Djénane Karen Tager)
Gedisa editorial, serie autobiografía , 2010 

Hay libros que uno lee para aprender, para descubrir nuevas perspectivas, para analizar, para estudiar, para pensar. Esa cabeza simplificadora que tenemos, que ordena y clasifica. Otros libros uno no sabría bien decir por qué los lee, pero es algo así como que los lee para la vida. Este libro sobre Edgar Morin -a quién he leído en varios momentos durante mi formación en Ciencias Sociales, del que he aprendido mucho y es un referente permanente- sentí que aportaba algo nuevo. Servía  al mismo tiempo a los dos objetivos.  Me atrajo primero la expresión de su fotografía en la carátula, al lado de ese título “Mi camino”. Estaba el camino y el hombre que había caminado.

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Habitar#7: navegando el invierno

Instalado ya a buen ritmo el invierno en el sur del mundo. Mi casa barco con su proa hacia el sol, navega con los vientos que toquen. El viento frío del sur o el viento loco del norte que hace volar a los pajaritos. Ella sabe de rayos y tempestades. De nieblas y brumas. Cielos muy azules, o teñidos de gris. Si los días son soleados, todo se lleva mejor. El benteveo en la rama más alta-ya desnuda- del paraíso, canta siempre, un buen rato. La casa renace, con la primera luz del día, perezosamente una atmósfera naranja pasa a través de los agujeritos de la persiana. El gato maúlla muy cerca. La señal que faltaba. Toca abrir la ventana y cual pájaro de Murakami, darle cuerda al mundo.

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