Quedate en casa(22): Renacer, celebrar y otros caprichos

Lo compartí en una publicación anterior, celebré hace unos días mi segundo cumpleaños en pandemia, mi primero en nueva morada de mujer con habitación propia y recordaba eso honrando a Virginia Woolf, su sabiduría. Fue un renacimiento feliz, celebrado como indican los tiempos que corren en pequeña burbuja, los muy muy cercanos y otros encuentros de gente amada pospuestos hasta nueva “posibilidad”. Pero la fiesta de cada uno/a, es o no es, por dentro. Mi renacimiento de cumpleaños fue festivo, porque siento que estoy de pie donde y cómo quiero estar, y este es un privilegio conseguido a durísimo trabajo interior y exterior. No hablo de logros materiales, aunque la vida tiene ese costado de la materialidad, del sostén de la existencia, y vaya si es duro cuando no está o cuando zozobra. Hablo de las conquistas de adentro, de salirse de lugares que duelen, de arriesgar, de tratar de estar en sintonía con lo que somos, Y de pagar los costos, durísimos a veces, por atreverse. Y yo me veo allí…casi en la otra orilla. Digo casi porque el mar es bravío y la vida incierta. Celebro esta playa a la que con ayuda de mareas, vientos y manos a favor he logrado arribar. He decidido regalarme para este nuevo renacimiento unos propósitos nuevos, unos caprichos si se quiere con tantas cosas que hay que atender en el diario vivir, por aquello de la materialidad de la vida nuestra y de los que tocamos viviendo. Unos caprichos del alma: volver a escribir Poesía con regularidad como solía hacerlo antes del mar bravío, necesito Poesía para vivir, y volver a escribir crónicas que es un género muy querido, en el que me siento en mi agua, crónicas de viajes, de recorridas, de caminatas, de miradas urbanas. Crónicas de la vida. No apartarme de la música, seguir tocando y componiendo a mi ritmo. Y estar más cerca de la naturaleza, dejarme guiar por ella. Pase lo que pase, más allá de la contribución al mundo que hacemos para vivir, no dejar de darme esos caprichos. Porque es donde más Soy. También sostienen mi vida. y Gracias a uds los/las que visitan este espacio, que alimentan mi motivación de seguir aquí. Salú y buena vida! Dejo mi abrazo! ❤ 🙂

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Quedate en casa (21): administrar las emociones

En los días del recrudecimiento de contagios, del número de víctimas que fallecen, que es abrumador, para la población pequeña que somos, mirar las noticias, o escucharlas no es muy recomendable. Sabemos lo que hay que saber, vacunados o no estamos en estas y se mantendrá aún por un tiempo. No sabemos cuanto. Ni cómo nos afectará, ni a cuántos. En estos días, todos los sentimientos se amplifican como la voz en una habitación vacía. Todo tiene un eco particular, y cuesta desviar la mente de los temas recurrentes que nos habitan. Mantenerse sintiendo pero no abrumarse en demasía es cada día un desafío. En las noches es más difícil, los sueños no son manejables. Ayer una querida amiga médica, intensivista, una persona muy sensible y lúcida además, me decía la gente no se imagina lo que estamos viviendo. Y con tristeza reconocí que sí. En ese plano de la salud primera línea de fuego, no lo sabemos. Y pensé, sería demasiado para muchos. Me alegré que ella con esa fuerza y esa empatía esté allí en su puesto. A mi me toca la trinchera de ver el destrozo social que este pandemonio está develando y recrudeciendo. La profunda herida que la desigualdad abre cada día más y más. Es duro administrar los sentimientos cotidianos ante lo que no se puede dejar de ver. Ayudar a otros que están más en primera línea de fuego que yo, a ver, a separarse un poco del dolor cotidiano, del reflejo y verse y vernos, y cuidar lo bueno, como decía sabiamente Italo Calvino en esa belleza que son las Ciudades Invisibles, reconocer en medio del Infierno lo que no es Infierno y darle espacio y hacer que dure. Y mientras, preparar una torta de chocolate para celebrar mañana en burbuja, mi segundo cumpleaños en pandemia, mi primer cumpleaños en la nueva morada, el primer año de mujer con habitación propia, sabia Virginia Woolf. La vida es lo único que cuenta. Vamos juntos/as. Dejo mi abrazo!<3 🙂

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Quedate en casa (20): la vida en zoom

Los que tienen/tenemos la suerte de mantener algún tipo de actividad en este tiempo de la espera debimos lentamente aceptar en nuestra vida la omnipresencia de zoom (entre otras plataformas). Estudiar, trabajar, atender pacientes, estudiantes, consultantes, todo o casi todo contacto con extramuros mediatizado por pantallas. Algún dìa cuando se pueda pensar en algo más que sobrellevar este tiempo denso, nos empezaremos a dar cuenta de lo que eso cambió en nosotros. En nuestras nuevas formas de relacionarnos. Es el tiempo que toca, que ensancha la tan sonada por estos días brecha de la desigualdad. No somos iguales y no estamos en igualdad de condiciones de partida para encarar hoy desafíos más exigentes. Hay gente que no quiere oirlo ni saberlo, porque duele mucho. Decir 100 mil nuevos pobres y que la mayoría son trabajadores que perdieron su medio de vida es fuerte. Las medidas de apoyo son pocas, y cuando aumentan no apuntan al meollo, la desigualdad de partida, sino al caso individual. Y es tan injusto, parecen decir que el culpable es el pobre porque no se ha esforzado lo suficiente. Me trae recuerdos de otros tiempos que creia superados.Tristes tiempos y sé que no solo por acá. Vivir, con todo y pese a todo, es importante. Tratemos entonces de cuidar la vida, y los que tenemos la suerte de poder ganarnos el pan del día, abundante o escaso, via plataformas exigentes, tediosas , agotadoras, agradezcámoslo. Tratemos de estar atentos a los otros. Comprender que estamos todos llegando al límite y que aún queda un buen tramo. Lo único que nos eleva por encima de la mera sobrevivencia es ese gesto, ese rasgo humano de vernos, de ver a los otros. De reconocernos entre nosotros, sentir que estamos en la misma gesta. Unos más apaleados que otros. Y vamos juntos. Dejo mi abrazo!💜🌿🤗

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Quedate en casa(19): con el tiempo en contra pero a favor

Algunas voces desde las ciencias llamadas blandas se han empezado a oir por estos días. Las consultaban acerca de por qué muchos de los uruguayos mostraban un comportamiento más displicente respecto a cuidarse y mantener el distanciamiento social justo en el pico máximo de contagios. Es algo llamativo realmente. Pero aquí es donde juega lo del tiempo en contra. Al inicio de la pandemia había muchísimo más miedo ante lo desconocido. Se globalizaban las noticias dramáticas de otros contextos, nuestro futuro si no nos quedábamos en casa. Y había también más de algo que llamaron stock de confort. Dicho en simple, teníamos más resto: más energia, veníamos del verano, había ahorros, un cierto bienestar de partida (no en todos obviamente). Con el transcurso de los meses, todo esa reserva de “bienes” se fue gastando. El efecto encierro agobia, los afectos mediatizados por pantallas no resultan suficientes. Somos seres gregarios por naturaleza y el paso del tiempo en esta irrealidad va dejando su marca. Muchos no pueden, ni pudieron quedarse en casa. Y muchos/as sufren las consecuencias durísimas de haber tenido que quedarse. Cada quien sabe que podrá o no desde su circunstancia. Sufro las incertidumbres laborales y la distancia de los afectos, de los amigos/as que ayudan a vivir. Pero el tiempo también juega a favor: ya pasó bastante tiempo. Sabemos más sobre cómo manejarlo. Aprendimos de a poco a movernos con coordenadas nuevas, enrarecidas. Y falta menos. Hay que jugar con ese tiempo a favor. Trato de ver naturaleza y algo de belleza cada día. Y en los días que puedo tratar de crearla. Es mi antídoto para sostenerme unida y esperanzada en la vida. Hasta que esto pase. Naturaleza y belleza crean salud!! Dejo mi abrazoo!!! 🌿💜🤗

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Quedate en casa(18): el mito en torno a vacunarse

Un año después del comienzo del fin del mundo como lo conocimos,llegaron al Sur las primeras vacunas. Toda una hazaña. Pensamos que tardarían mucho más y en Uruguay se vivió como lentísimo, no terminaban nunca de llegar. Y luego empezó el periplo de a quién vacunaban primero, con cuál porque se optó (o fue lo que se consiguió) por una canasta de vacunas diversas para distintas edades u ocupaciones. Somos un poco más de 3 millones y medio y ya se llegó hace unos días al millón de inmunizados con la primera dosis de la que nos tocó a cada quien. Son muchos aún los que están agendados sin fecha, mientras se va administrando la disponibilidad de ese bien escaso. Tenemos negacionistas, vacunados críticos, militantes fundamentalistas de la vacunación. Una amplia gama. Pero lo que no quisiera perderme en el medio de la vorágine es el costado humano/ciudadano que la llegada de las vacunas ha despertado. Siempre decimos de nosotros como pueblo que nos gusta ir a votar en las elecciones. Y es así, somos “votadores”. Disfrutamos de ese ritual credencial en mano, con aires de paseo de domingo. No me atrevo a decir que los uruguayos están disfrutando de poder ir a vacunarse como de ir a votar. Sería de mal gusto. Pero algo así pasa si miramos el entusiasmo y alivio cuando se consigue fecha (se espera “el mensaje” de la confirmación como el de un nuevo amor, o aún más). El ambiente que se respira en los vacunatorios, la calma, la empatía, el mirarse y verse en la misma peripecia vital. Es la vida, es el miedo a perderla, o perjudicar a otros. Es querer que esto pase, hacer lo que toca para ayudar a salir. Es recurrir a sentimientos de unidad con otros/as aunque sea en la desgracia o en intentar evitarla. Lo triste es que en esta comun-unión (no excenta de conflictos) hay muchos que la ven pasar. No saben o no les interesa estas patriadas. Donde viven o intentan salvaguardar su vida, las necesidades básicas son otras. La solidaridad de vacunatorio no la comparten. Dejo registrado ese dolor, la desigualdad social por estas latitudes no es una causa que convoque.

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